Querétaro no solo celebra su fundación un 25 de julio de 1531, celebra casi cinco siglos de identidad, transformación y tradición viva. Hoy, en su 494 aniversario, la ciudad late con fuerza en el corazón de México, como tierra de oportunidades, modernidad e historia, sin dejar de lado el alma colonial que la hace única. Desde sus barrios antiguos hasta sus nuevas zonas industriales, Querétaro es hogar de miles que la eligen como punto de partida para escribir su propia historia.
Entre leyendas de apariciones celestiales en el Cerro del Sangremal y relatos de cruzadas históricas, la ciudad ha sido testigo de momentos que definieron al país: la conspiración independentista de 1810, la caída de Maximiliano en el Cerro de las Campanas en 1867 y la firma de la Constitución de 1917. Pero detrás de cada fecha hay personajes, barrios y calles que guardan el eco de quienes han forjado con orgullo esta tierra.
Aunque muchos vienen de fuera, los queretanos siguen honrando sus tradiciones con fiestas como la de la Santa Cruz, la Procesión del Silencio o el Viernes de Dolores. Para el historiador Ignacio Frías y Camacho, rescatar estas costumbres y defender la identidad de barrios como San Francisquito es clave para no perder el alma de la ciudad frente al crecimiento urbano y la llegada de nuevos habitantes.
Y mientras algunos discuten si hay o no una “gastronomía queretana”, lo cierto es que los sabores del centro histórico, los buñuelos junto al Santuario, las gorditas, las nieves Galy o los hot dogs de Don Toño, también cuentan historias. Querétaro, como su gente, es mezcla de tradición y modernidad, una ciudad que no olvida de dónde viene, y que hoy festeja con orgullo su lugar en el corazón de México.







