No es una sequía más ni una advertencia a futuro. La Organización de las Naciones Unidas lanzó una de las alertas más duras de su historia: el planeta ya vive una bancarrota hídrica y el margen de maniobra para revertirla se está agotando.
El diagnóstico proviene de un informe de la Universidad de las Naciones Unidas que compara la crisis del agua con una cuenta bancaria en números rojos: durante décadas, la humanidad ha retirado más agua de la que la naturaleza puede reponer. Hoy, el saldo es negativo… y sigue cayendo.
¿Qué significa “bancarrota hídrica”?
Según los expertos, muchos sistemas de agua dulce ya cruzaron el punto de no retorno. No se trata solo de escasez temporal, sino del colapso estructural de ríos, lagos, acuíferos y humedales que sostienen la vida humana, la producción de alimentos y los ecosistemas.
La advertencia es clara: ya no se puede hablar de “prevenir” la crisis del agua, sino de aprender a gobernar un mundo donde gran parte de los sistemas hídricos han fallado.
Las cifras que explican la gravedad
El informe expone un panorama global alarmante:
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Tres de cada cuatro personas en el mundo viven en países con escasez o inseguridad hídrica.
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Dos mil millones de personas habitan zonas donde el suelo se hunde por la sobreexplotación de acuíferos.
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La mitad de los grandes lagos del planeta se está secando.
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Desde 1970, los humedales han desaparecido en un 35%, una superficie equivalente a toda la Unión Europea.
Estos cambios no solo afectan a regiones específicas: alteran el equilibrio hídrico global y desencadenan efectos en cadena.
El agua que falta aquí encarece la comida allá
Uno de los puntos más críticos del informe es el papel de la agricultura, que consume alrededor del 70% del agua dulce del planeta. Cuando el agua escasea, la producción de alimentos se reduce y los precios se disparan, incluso en países que no enfrentan sequías directas.
“La falta de agua ya no es un problema local”, advierten los especialistas. “Es un riesgo sistémico que se mueve a través del comercio global”.
¿Qué propone la ONU ante este escenario?
Lejos de discursos optimistas, el informe plantea una realidad incómoda: no todos los sistemas hídricos podrán recuperarse. Por eso, las recomendaciones apuntan a gestionar la quiebra de manera responsable:
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Transformar profundamente la agricultura y el uso del agua.
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Repartir de forma más justa un recurso cada vez más escaso.
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Proteger los ecosistemas que aún generan agua.
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Reducir las actividades humanas que aceleran el cambio climático.
Un llamado que ya no admite demora
La ONU advierte que el tiempo para decisiones graduales terminó. La crisis del agua dejó de ser una amenaza futura y se convirtió en una condición permanente del siglo XXI.
La pregunta ya no es si el planeta puede evitar la quiebra hídrica, sino cómo vivirá la humanidad en un mundo donde el agua dejó de alcanzar para todos.







